memorias de una cabra memorias de una cabra...
la miseria y mi existencia...

"Con este viaje la miseria ha entrado en mi existencia". Así de rotunda fue la primera impresión con que bauticé mi diario a la llegada a Delhi (India). De eso hace ya 3 meses y aunque esas sensaciones tan dramáticas parecían haberse grabado a fuego en mi cerebro, en mi piel y en mi corazón... estos días, al tratar de compartir con vosotros todo aquello, tuve que recurrir a instantáneas de esos días que refrescaran esas palpitaciones que me abrasaban el pecho cuando cada mañana me levantaba y paseaba por el entresijo de calles y pobreza, de suciedad y vida que me esperaban a la salida de la jaula de oro que se convertía mi pestilente habitación con ducha y somier mohoso, inconcebible aquí pero un lujo allí para la mayor parte de los habitantes de esa ciudad colorista, exultante de emociones, inundada de fantasmas que sobreviven...
Algún pasaje más tomaré prestado de mi diario porque nada de lo que siento ahora se aproxima, si quiera un poco, en forma tan veraz, a lo que se me llevó por delante entonces. Ya me ha envenenado occidente con sus comodidades y su control remoto. Ojalá consigan trasmitir esas frases sin anestésico incorporado, que rubricaba en las horas muertas de algunos de los andenes caóticos que me tocó pisar en mi deambular de punta a punta de este fenomenal territorio, lo que la vida en esas tierras me regaló, porque si algo me ha quedado claro, es que estas tierras me han obsequiado con parte de un nuevo yo.
“La India es un país que requiere estómago, un mucho de aguante y que lo sazones con fe. Nada te deja indiferente, ni sus rostros, ni sus coloridas vestimentas, ni sus profesiones inauditas, ni el repugnante aroma que asciende de las aguas empantanadas. Jamás recomendaría India como viaje iniciático. Es la ventana del olvido, el tiempo se paró hace más de un siglo.
Moviéndose por las callejuelas de mercados de especias, a lomos de rick shaws suicidas con su inagotable bocina, uno se pregunta si India podría ser diferente. Este país es excesivo, repugnante y maravillosa India, infinitamente alegre, inmensamente triste, desoladora, ladrona y pilla, descarada, pozo de esencias...
India te supera. La avalancha de información que se te viene encima te sobrepasa y te deja sobrecogido. El primer día, el calor, el avasallamiento al que te someten los conductores de tuk tuks, los vendedores de gangas, los estafadores de sueños, las miradas mal disimuladas directas a tus curvas...
Llegué cuando el calor te derrite los huesos y los vendedores de pasos guiados se mueven en círculos concéntricos como hienas hambrientas, buitres impacientes, contigo como presa esperando un descuido. Niños que palpan su panza cóncava y te dibujan el camino a su boca... La ciudad se te hace insufrible. Te preguntas que haces aquí rodeada de gente tan inhumanamente mal nutrida, injustamente olvidada.
Entonces decides pasar más rato en el hotel, bajo el aleteo del ventilador y volar cuanto antes lejos de este agujero infesto en el que sobreviven millones de seres. Enjuntos, flacos, oscuros, de mirada entre triste y dura, cansada, desesperanzada...
Los 45ºC que aplastaban mis hombros contra el asfalto mugriento, te dificultan el respirar al pasear camino a la estación de tren. Un olor que escuece la garganta y hace que el lagrimal se inunde, proviene de los urinarios. A cada segundo tus fotografías retratan una realidad a años luz de la tuya.
Los hay que te quieren engañar, dicen que hace 50 años en India de este tipo no existían; los hay que te sonríen y sólo quieren formar parte de tu álbum de retratos, verse por un par de segundos, protagonistas asomándose a la pequeña pantalla de tu cámara digital, los hay sobretodo trabajadores sin resuello ya de tanto tirar del carro. Los menos morirán de viejos, los más... el próximo azote que dé el verano. Cuando Lorenzo vuelva a hacer subir el mercurio a 55ºC y entonces, ni ellos ni tú podamos superar el cruzar la calle sin beber un litro de agua. La diferencia es que a ti te quedarán las 4 paredes del hotel para refugiarte y a ellos, 10 horas todavía de este infierno antes de dormir sobre un cartón entre dos coches...”
Pero no todo es desolación en mi paseo somero por esta laguna de emociones, también India me arrancó lágrimas de felicidad, de plenitud que jamás podría vislumbrar entre las cuatro calles de mis raíces. India es preciosa si buscas el detalle, si levantas la mirada. Como escribió Cristina en su último mail "Los turistas en Delhi van con la cabeza baja, mirando al suelo, tanta pobreza abruma, te avergüenzas de lo que tienes."
Así que al moverme por otros meridianos, despacio, con la prisa que da el tiempo regalado, viví nuevas historias... descubrí el norte... 
“El poder de la naturaleza que grita desde lo alto. Nieves eternas saludan con ademanes tranquilos a viajeros y locales. Allí vi la tierra hundirse en el cielo... Todos los colores ocre, todos los azul intenso. Las lenguas de nieve que lamen la montaña con su blanco sucio y dan vida y colorido a la planicie que recoge el fruto. Lomas melosas dibujadas por el viento gélido, llanuras estériles que dan de comer a los nómadas que se aventuran a vivir en este cuento; así fue como vi todo el espectro de colores frente a mi y me alivió el dolor que me provocó la altura. Gargantas desnudas de vegetación que claman al cielo, arañan las nubes pidiendo clemencia. Aquí no llueve, es un desierto en lo alto. Aquí el sol te quema, te provoca insolación y la sombra congela tus miembros al tiempo.”
También uno de los momentos más especiales para mí fue la visita al Taj Mahal y sobre ello, esto fue lo que escribí..
“La esperanza de un amanecer en tonos púrpuras y rosas se desvaneció al despertarnos. La salida del sol, desde que aterricé en Delhi fue siempre opaca y gris. El contaminado cielo que cubría las mañanas y los atardeceres hacía inviable una foto o una memoria diferente, solo las indias con sus sharis iluminaban la pobreza.
Las puertas del mausoleo se abrían a las 6am y aún siendo tan temprano se traspiraba a mares bajo la camiseta de algodón.
Construido por amor en memoria de una de sus esposas fallecidas, con un acabado delicioso y simétrico, el Taj Mahal es el único lugar en India ajeno a la suciedad. Pulcro, inmaculado todo, como su piedra blanca y sus jardines menta.
Como si le hicieras el amor, dejas que el clímax se alargue retrasando la entrada al edificio, y te recreas en sus alrededores. Paseas, acariciando con tus pies descalzos el suelo marmolado mientras tus manos acarician las flores que se entretejen al abrigo de las declaraciones de amor eterno y fe escritas en árabe.
El tiempo transcurre sin darte cuenta. Tomando un receso a la sombra de una de las naves laterales con la ropa empapada pegada a tu piel, cierras los ojos. Se oye el silencio del mediodía y el arrastrar cansino del caminante herido de calor, el surtidor de agua en la distancia y el aleteo de un ave distraída que se detuvo a tu vera buscando un refugio frente al poder devastador del sol. Los abres y un escalofrío recorre tu cuerpo y eriza tu piel. Los 45ºC hacen creer que es impensable, pero lo fue!...” 
Varias veces ya me preguntaron a mi regreso a Ayerbe, qué era lo que más me había gustado de mi escapada. Yo creo que respondí con lugares, con nombres y apellidos de tierras lejanas, pero ahora que frente al teclado recapacito, lo que me pareció más hermoso... lo que elijo.. son todos los atardeceres que me quedan.
Este viaje me ilusionó con lo bello de pasar veinte minutos para ti, sentado, esperando el milagro de una caída o una puesta de sol. Los primeros y últimos brillos, las nubes malvas que deja un astro que se esconde o aparece tras la sierra, una jota que borbota de una garganta amiga y enerva hasta el último bello de tu cuerpo, un abrazo inesperado de alguien que te entiende, un amigo para siempre que quizás jamás vuelvas a ver, pero que en ese momento lo fue todo.
Gracias India por hacerme sentir que algo en mí cambiaste, por envenenarme un poco con tu locura y sobre todo por hacer que entre mi hermana y yo naciera una nueva y más profunda relación. Te quiero Cris!

 

3.9.06 22:07
 


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